Mes: febrero 2015

Moctezuma junto al Quiahuitlacapoc

“Como el que oye llover”

Para quien no lo sepa, “como el que oye llover” es una expresión que se refiere a alguien que no presta atención a lo que decimos, que oye pero no está concentrado en la conversación. Su origen se remonta a la llegada de los conquistadores españoles a América, concretamente a su encuentro con los aztecas en 1519. Cuando Hernán Cortés se reunió con Moctezuma, el emperador americano llegó con todo su séquito, en el que se incluía un joven muchacho que ocupaba el cargo de Quiahuitlacapoc, una especie de sacerdote de Tlaloc, dios azteca de la lluvia. El Quiahuitlacapoc (que viene de quiahuitl, lluvia, y de acapoc, escuchar, sentir) tenía la función de escuchar e interpretar el sonido de la lluvia, ya que los aztecas creían que Tlaloc les enviaba mensajes a través de cada aguacero, ya fueran proféticos (pluviomancia) o, sencillamente, de orientación y organización de la vida y la sociedad. Este Quiahuitlacapoc llamó poderosamente la atención de los soldados españoles, que lo veían presente en los encuentros entre Moctezuma y Cortés pero ensimismado, ajeno a la conversación y escuchando la lluvia mientras su emperador se jugaba la suerte de su imperio. Tanto les sorprendió su papel y su abstracción que acabó siendo el centro de sus burlas. “El que oye llover”, como le apodaron, pasó a tener por tanto su significado actual, el de alguien presente en una conversación pero perdido en sus propios pensamientos.

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Microcuentos (II)

“Más blando que la mierda (de) pavo”

Una expresión sobre la que no hay que investigar mucho su origen. Todo el mundo sabe que los excrementos del pavo son casi líquidos, por lo que decir de alguien que es todavía más blando que esto es un claro insulto sobre la integridad moral de la persona en cuestión. Se puede investigar si cabe por qué se hizo tan popular este término de comparación. ¿Por qué “la mierda (de) pavo” y no la de gallina, por ejemplo? No podemos contestar con certeza a esta pregunta, pero podemos indicar la existencia de unos versos que se hicieron populares a raíz del regreso de Fernando VII en 1812, tras el “exilio” en Francia. Parecen unos tercetos de un soneto satírico y el autor (si es que fue uno solo) no ha querido dejar su firma sobre ellos, temiendo quizá represalias de “El Deseado”. Su transmisión hubo de ser sobre todo oral, ya que la primera transcripción de la que tenemos noticia es de 1819, en un papel doblado que alguien dejó escondido dentro de un ejemplar de la “Vida de los mejores arquitectos, pintores y escultores italianos” de Vasari, conservado en la Biblioteca Nacional.

Idiota, ignorante, bobalicón,
alimaña, perro cobarde sin rabo,
rata cruel, sucio mono cagón.

Con este séptimo que no haya octavo,
que nadie soporta al puto Borbón
que es que es más blando que la mierda pavo.