“Oro del que cagó el moro”

La expresión, para quien no la conozca, se utiliza para poner en duda la autenticidad de algo que es presentado como precioso y de gran calidad. Su origen se remonta, como no podía ser menos, al periodo de presencia musulmana en la península ibérica, concretamente a su época final en el siglo XV. Una vez que Boabdil fue expulsado de Granada por los Reyes Católicos, fijó su residencia en Laujar de Andarax, en Almería. Fue allí donde fueron a buscarle unos emisarios de Isabel y Fernando, para exigirle que restituyera a la Corona de Castilla 100.000 maravedís que los reyes estimaban que habían desaparecido de las arcas de la ciudad de Granada. Boabdil, sumido en una gran crisis política y financiera, tuvo una ocurrencia que le acabaría salvando la vida. No disponiendo del dinero que se le requería, pero no pudiendo dejar que sus enemigos lo supieran, ideó una estratagema para ganar tiempo y poder embarcarse rumbo al norte de África. Boabdil alegó ante los emisarios que estaba preocupado por su regreso a Granada, pues estaba seguro de que su palacio estaba lleno de espías, y si se enteraban de que volverían con semejante cantidad de dinero, serían asaltados con toda seguridad antes de volver a terreno seguro, por lo que ellos morirían y los reyes de Castilla no recuperarían uno solo de los maravedís. Por eso propuso a los emisarios lo siguiente: ellos volverían aparentemente sin cofres ni dinero, pero se llevarían como rehenes diez de sus criados más cercanos, incluído el fanático imán Abd-Allah Ibn Qumrasem. Cada uno de ellos, antes del viaje, tragaría mediante una técnica especial nazarí una cantidad de oro y gemas suficiente para entre todos pagar su deuda con los reyes cristianos. A su llegada a Granada, los diez siervos defecarían su parte del dinero y todos quedarían en paz.

Sin embargo los emisarios españoles, Pedro Pablo Ajofrín y Cancio Doménech, fueron engañados, pues lo que tragaron los criados del sultán no fue otra cosa que pasta de almendra modelada y coloreada. Al llegar a Granada los musulmanes fueron llevados a las letrinas de la Alhambra, donde fueron custodiados día y noche. Cada vez que uno de ellos hacía sus necesidades, los guardias escarbaban entre las heces esperando ver salir algún rubí o alguna moneda de oro. Obviamente, no tardó en descubrirse que todo había sido un engaño y que Boabdil se había marchado con el dinero. Fue entonces que empezó a utilizarse la expresión que nos ocupa, casi como una coletilla cuando alguien aseguraba que un objeto estaba heho de oro. “Sí, sí, oro del que cagó el moro“.

Anuncios

3 comments

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s