Mes: diciembre 2014

Los números de 2014

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2014 de este blog.

Aquí hay un extracto:

El Museo del Louvre tiene 8.5 millones de visitantes por año. Este blog fue visto cerca de 660.000 veces en 2014. Si fuese una exposición en el Museo del Louvre, se precisarían alrededor de 28 días para que toda esa gente la visitase.

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“Meter la pata”

Como bien es sabido, “meter la pata” significa equivocarse, errar, a menudo de forma burda. Mucha gente piensa que “pata” tiene que entenderse como sinónimo de “pierna” y que por tanto la expresión tiene ese sentido de “tropezar”. Sin embargo, su origen es animalístico y se remonta al comentario de Teofrasto de Hieracómpolis del Antiguo Testamento, una obra que la Iglesia hoy no reconoce como conforme al dogma católico. Teofrasto ofrece una versión del episodio del arca de Noé con matices que tuvieron una cierta difusión hasta el siglo XVI. El egipcio contaba que Yahveh puso a prueba a Noé justo el día antes del inicio del diluvio: “Noé, mañana, con las primeras gotas, tendrás que abandonar la hembra del pato, un animal que no considero digno de sobrevivir a mi diluvio. Si me obedeces, los días de lluvia se reducirán a la mitad y tu prole se duplicará en cuanto las aguas se retiren“. Noé, que por piedad no fue capaz de seguir los designios de Yahveh, metió el animal no ya en la bodega con todos los demás, sino en su propia cama junto a su esposa, esperando que el Señor no se diera cuenta de su presencia. Al día, siguiente, tras el comienzo del diluvio, se oyó un fuerte trueno y la voz de Yahveh resonó en toda la Tierra: “Noé, pagarás cara tu osadía. Este es sólo el primero de cuarenta días de lluvia a causa de tu ingenuidad. Es inútil que lo niegues: has metido la pata“.

Este episodio fue popularizado por Erasmo de Rotterdam, que lo citó en varias de sus cartas con literatos del siglo XVI, por lo que comenzó a popularizarse una versión abreviada que decía algo así como “no hagas como Noé, no metas la pata“. El olvido al que se vio forzado Teofrasto de Hieracómpolis después del Concilio de Trento hizo que la historia de Noé se perdiera prácticamente de la literatura religiosa, pero en cambio era tarde para que “meter la pata” saliera del vocabulario de los eruditos modernos, que continuaron a utilizarla hasta que llegó a las calles para perpetrarse en nuestro lenguaje.

Microcuentos (I)

“Dar repelús”

“Dar repelús” es, para quien no lo sepa, una expresión que está a medias entre “dar asco” y “causar rechazo”, acercándose más a uno u otro significado dependiendo del contexto. No es clarísimo el origen de esta palabra, aunque parece que es cierta la teoría de quien la sitúa en Francia a comienzos del siglo XVIII, cuando comenzó a fabricarse el material que hoy conocemos como “peluche” (pelouche en francés, leído “pelúsh”).  Aunque por entonces aún no se había extendido el clásico osito de peluche, el tejido suave se hizo cada vez más popular en prendas de vestir entre la aristocracia gala, que comenzó a utilizar el término “pelouche” para indicar aquello que era bueno o que era del agrado de quien lo decía (algo así como el cool de los ingleses): “que le fromage est pelouche” (ese queso está “peluche”) o “ces escargots sont pelouches” (esos caracoles están “peluches”). No tardó en aparecer su antónimo, “rappelouche”, que indicaba en cambio todo aquello que no reflejaba los gustos de la época, como se recoge en una frase de Pierre Choderlos de Laclos “pour moi les paysans sont rappelouches” (a mí los campesinos me dan “repelouches”). Evidentemente estos modos de hablar llegaron a España con los Borbones después de la Guerra de Sucesión, pero el desconocimiento generalizado del francés entre la iletrada aristocracia española hizo que la palabra “rappelouche” se convirtiera rápidamente en nuestro “repelús”.