Mes: agosto 2014

“Estar de parranda”

Como bien se sabe, “estar de parranda” significa estar de fiesta, salir a festejar con alegría y en compañía, con motivo o sin él. Pocos saben en cambio el origen de esta expresión tan jolgoriosa. Parece ser que todo se debe al médico Augusto César Parranda, al servicio de Carlos VII en la Tercera Guerra Carlista. Cuando en 1872 comenzaron los preparativos para la guerra las fuerzas carlistas llevaban ya bastantes años en horas bajas, con una pérdida cada vez mayor de popularidad y con un ejército que no hacía sino menguar. Las esperanzas no ya de victoria sino de volver con vida de los diferentes frentes abiertos eran escasas, y la obstinación de Carlos VII por acceder al trono era vista cada vez más como la actitud de un hombre desesperado, que estaba dispuesto a cualquier pérdida humana con tal de obtener su utópico objetivo. Cuando comenzaron los alistamientos forzosos para la batalla, Parranda era uno de los médicos encargados de supervisar la idoneidad de los soldados que tendrían que marchar al frente. Por lo que parece, Parranda era un hombre sensible y honesto, y no estaba dispuesto a mandar a morir centenares de jóvenes con toda la vida por delante por la obcecación del monarca sin trono. Por eso por sus manos pasaron muy pocos hombres que fueran finalmente utilizados en el campo de batalla, ya que convencido de la inutilidad de la guerra, firmaba multitud de certificados de incapacidad basándose en las causas más comunes: pies planos, miopía, asma, etc… Los hombres que se salvaban así de ir a la guerra no perdían ocasión de festejar su ausencia entre filas, ofreciendo numerosos brindis a Parranda, a quien debían la vida. De aquí que se ganaran el apodo de ser “los de Parranda”, a partir del cual se extendió la expresión “estar de parranda”.

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“Manda huevos”

Una expresión que como casi todos sabréis denota una mezcla de sorpresa, indignación y enfado, pero que a simple vista carece de un significado lógico. Parece ser que el origen de todo está en un gran momento de crisis de la historia de España, como es el final del reinado de Carlos II, último representante de la casa de Austria. Con el reino sumido en una profunda crisis económica, el rey y su valido, el duque de Oropesa, encargaron a Fernando Joaquín Fajardo, marqués de Vélez, la supervisión de las cuentas del estado, maltrechas después de tantas guerras y de tan poco acertados gobernantes. Así, el marqués comenzó un viaje por toda la península, tratando de comprender los despilfarros de las autoridades locales y las actividades donde podía elevar los impuestos para enriquecer de nuevo el erario. Frecuente era pues la correspondencia con el monarca. Entre las rarezas de “El Hechizado” se encontraba su pasión por el huevo: se dice que comía al menos tres al día y que era capaz de reconocer su procedencia con una precisión que dejaba a boca abierta a propios y extraños. Es por eso que en las cartas que escribía al marqués añadía casi siempre a modo de postdata la frase “Donde quiera que te hallesFernando, manda huevos“. Si la frase ha adquirido su significado actual es porque Fajardo, al leer en voz alta su contenido a los otros miembros de la misión, se iba enfadando a medida que veía que el rey le hablaba de todo menos de economía y que en cualquier caso ninguna de sus recomendaciones o de sus peticiones había sido siquiera discutida en Madrid. Por eso, al llegar al final de la misiva, montaba en cólera al encontrar siempre la misma postilla, “manda huevos“, frase que el marqués repetía gritando para dejar en evidencia las verdaderas preocupaciones del rey: “¡manda huevos, manda huevos!“.

“El que se pica, ajos come”

Un refrán que de pequeño uno repite sin tener la más mínima idea de lo que significa en realidad. Aunque la verdad es que cuando se crece tampoco es que se le encuentre mucho sentido… ¿Por qué come ajos el que se ofende o se siente aludido por una conversación ajena? Parece ser que el origen de todo se remonta nada menos que al Renacimiento, concretamente a la obra de un estudioso toscano, Marsilio Ficino. En su obra “Tres libros sobre la vida”, en la que recoge consejos y buenos hábitos para la salud del estudioso de letras, el humanista italiano dedica unos párrafos a describir qué alimentos podían ayudar a combatir algunas dolencias o achaques. Se ha comprobado después que algunas de estas recomendaciones eran acertadas desde el punto de vista científico, como cuando recomienda la naranja o el limón para el resfriado; otros, en cambio, han resultado ser supersticiones y tradiciones sin fundamento, de las que Ficino deja constancia aun sin la imposibilidad de averiguar personalmente su eficacia. Así, en el párrafo dedicado a la piel escribe: “Colui che soffre di pelle secca, la mela mangia, et colui che di prurito, l’aglio mangia” (“Quien sufre de piel seca, manzanas come y quien de picor, ajos come”), ya que parece que en la Florencia del siglo XV era común aplicar dientes de ajo en las zonas de piel irritadas. La frase fue traducida de forma pobre en España a la llegada del tratado a finales del siglo XVI, transformándose en “el que se pica, ajos come”. Parece ser que se convirtió en una frase popular gracias a los estudiantes de medicina de la Universidad de Salamanca, que comenzaron a utilizarla de manera jocosa con el sentido que le damos hoy.

Origen y evolución de Emitologías: una “autoblografía”

Hoy quiero contaros una historia diferente. Es la historia de un señor que entra en una iglesia, se dirige a un confesionario y dice al cura que se esconde al otro lado de la cortina: “Buenos días, querría saber si tienen algún coche familiar, de cinco puertas, por encima de los 100 CV pero que no llegue a 15.000€. Con aire acondicionado a ser posible“. Obviamente el párroco responde: “Disculpe, usted se ha equivocado, esto no es un concesionario, esto es un confesionario“.

Bien, la misma diferencia que existe entre concesionario y confesionario es la que existe entre etimología y emitología, con el agravante de que emitología no figura en ningún diccionario, ya que es una palabra inventada, como lo son todas y cada una de las historias que se encuentran en este blog. Esto es algo que jamás pensé que me vería obligado a explicar cuando empecé a escribir el blog, en noviembre del año pasado. Si lo hago ahora es porque veo que el volumen de visitas y de visibilidad ha crecido mucho más allá de mis expectativas y porque quiero salir al paso de ciertas críticas y comentarios que leo y me llegan cada día.

El origen del blog es simple y llanamente un juego: jugar con las palabras, con los idiomas y con la historia para inventar orígenes más o menos verosímiles y más o menos graciosos de expresiones y palabras que utilizamos a diario y de las que generalmente ignoramos la procedencia. Una vez explicado esto, que es fundamental, me veo obligado a hablar del post que me ha dedicado Alfred López en su blog “Ya está el listo que todo lo sabe”, en el que transcribe este intercambio de mails que tuvimos hace algún tiempo.

12/05/2014 19:08  Alfred López

Hola, Disculpa por mi insistencia para conseguir un modo donde enviarte un correo, pero el tema que me trae a contactar contigo es serio e importante. Evidentemente tiene mucho que ver con tu blog y los textos que en él publicas, ya que todo lo expuesto está inventado pero la gente que accede al contenido en ningún momento es advertida de que lo que va a leer es completamente producto de la imaginación del autor, sin tener nada que ver con el verdadero origen etimológico. Y sí, sé que te defenderás argumentando que en el título ya lo pone: emitologías, y la verdad es que es un argumento no valido, porque la gente no tiene que reparar en si la m y la t están cambiadas de sitio y por lo tanto habla de mitos pero no de etimos. Te comento todo esto porque los que nos dedicamos profesionalmente a la labor de encontrar los orígenes etimológicos de las expresiones y palabras le echamos muchísimas horas de investigación para que aparezca de la nada un blog que se inventa historias, que no lo advierte y que hace que mucha gente quede desinformada por culpa de ello. Pero lo peor de todo es que hay personas que se creen según qué a pies juntillas y a mi me ha ocurrido el discutirme una persona una etimología y cuyos argumentos erróneos los había sacado de este blog y he de decirte que lo defendía como si le fuese la vida en ello… sólo porque lo había leído en un enlace de Facebook de tu blog. Fue a través del enlace que esta persona me facilitó cuando descubrí tu página y me di cuenta del daño que puedes llegar a causar desinformando. Es por ello que te pido que añadas una leyenda bajo el título del blog donde ponga que todo lo que van a leer está inventado y lo mismo haría al pie de cada post. Ruego no te tomes a mal mi mensaje, pero creo que es necesario. Los que nos dedicamos a divulgar te lo agradeceríamos. Un cordial saludo Alfred López

12/05/2014 19:27  Emitologías

Hola Alfred, En primer lugar quiero decirte que no me tomo a mal tu mensaje, es más, me alegro de que me escribas y perdona por haberte “obligado” a escribirme aquí: conozco ya los problemas que acarrea dejar la dirección de mail por internet sin control. En segundo lugar te cuento la historia de este blog y mi punto de vista, que es de alguna manera diferente al tuyo. Todo empezó como un juego con una amiga que habla español aunque este no sea su lengua madre. Le interesan mucho las expresiones extrañas y la idea de inventarse un origen para cada una nos resultó muy divertida a los dos. Cuando empecé a escribirlas y a publicarlas jamás pensé que hubiera nadie capaz de creerse la cantidad de cosas que se me han ocurrido, sobre todo porque hay algunas historias que de verdad no hay por donde cogerlas desde el punto de vista histórico. Sin embargo, y tu mensaje así me lo confirma, queda claro que una parte de la gente que sigue el blog (por desgracia no toda) ha desarrollado un interés por las etimologías que antes no tenía, y creo que esto es una buena noticia. Evidentemente basta buscar en Google el nombre de muchos de los personajes que cito para ver que no son verdad y, obviamente, en ningún otro sitio encontrarán una confirmación de lo que digo. Imaginemos además por un momento que cuando digo que “Heródoto lo cuenta” haya alguien que abra el libro de Heródoto buscando la historia. No la encontrará, pero habrá una persona que habrá buscado quién era Heródoto y habrá incluso echado un vistazo a su obra.
En cualquier caso el motivo que hay detrás de este blog sigue siendo puro entretenimiento, no sólo para mí sino para todas esas personas que lo siguen aun sabiendo que todo lo que cuento no es verdad. Decir cada vez que lo que escribo no es verdad le quitaría todo el interés al blog. La esperanza es en parte que cuando alguien lea una historia tan extraña piense “esto no puede ser verdad” y busque cuál puede ser el verdadero origen de la expresión. Por otro lado, quien se crea todo lo que lee en Facebook merece seguir haciéndolo. Lo mismo para quien no entienda la parte de la información donde digo “explicaciones mitológicas”.
Gracias por el interés y espero que entiendas (incluso si no lo respetas) mi punto de vista.
Un saludo.

Desde su publicación he recibido bastantes comentarios (ya sea en la página de Facebook, en Twitter o el blog) de usuarios que dicen que escribo el blog para reírme de la gente y que hago mucho daño haciendo pasar por verdades las cosas que escribo.

Sobre lo primero no voy a añadir nada: ya he dejado clara la intención del blog y podéis releer todas las veces que queráis la respuesta que dí a Alfred en su día, no cambio una sola palabra de lo que dije. Sobre el supuesto daño que hace este blog me remito al principio de este post y al subtítulo del blog: “explicaciones mitológicas para cotidianas expresiones“. Si esto no hubiera sido suficiente para el incauto lector, habría bastado buscar en Google personajes como Unbingo II de Prusia, Jean-Luc Sagnol o Alpairo du Guimaraes para ver que la única referencia era Emitologías.

En cualquier caso, quien esté descubriendo con estas líneas el verdadero significado y razón de ser de este blog espero que piense sencillamente que le han gastado una broma y no que le han engañado o que le han faltado al respeto. Si en cualquier caso es así,me disculpo de buena gana ya que mi intención nunca ha sido la de ofender a nadie. Como prueba de buena fe sólo puedo decir que no he borrado ni ocultado ninguno de los comentarios que advertían del origen inventado de la historia o que explicaban la verdadera procedencia de la expresión. Si mi intención hubiera sido crear verdaderamente un engaño, los habría borrado todos, ¿no?

Para terminar quiero aprovechar para dar las gracias a todos aquellos que leen el blog habiendo entendido perfectamente de qué se trata. Es sobre todo por vosotros que no hago una cosa que Alfred me critica especialmente en su artículo: el hecho de que no escriba explícitamente en la portada del blog que las historias son inventadas. Creo que con el título y el subtítulo es suficiente, y pienso que hacerlo sería casi un insulto a la inteligencia, sería como obligar a todos los cines y teatros a colgar un cartel en la entrada que dijera “todo lo que van a ver aquí dentro es mentira y no ha pasado nunca, se lo ha inventado una persona un día en su casa“. A todos nos gusta que nos engañen un poco de vez en cuando… Es por eso que en la puerta del cine pone “Cine”, en la del teatro “Teatro” y aquí “Emitologías”.

“Tirititraun” y “arriquitraun”

Estas dos palabras, que normalmente se utilizan como muletilla en casi todas las canciones relacionadas más o menos con el flamenco, tienen un origen bastante curioso y bien lejano del español. Aunque hay quien considera que son simples cantilenas sin ningún sentido, hay una versión que sitúa el nacimiento de estos dos vocablos nada menos que en Gibraltar, a caballo probablemente entre los siglos XVIII y XIX. Tras el “Gran Asedio” (1779-1783), el último intento español por recuperar el peñón en el siglo XVIII, Gibraltar vivió un periodo especialmente pacífico y fructuoso, en el que la población civil aumentó considerablemente. Aunque aún no existía ningún movimiento nacionalista importante, parece que había una canción que los gibralareños cantaban casi como un himno:

There is a town, town, town
 down in the south, south, south…
 and it will be soon, soon
 a richer town, town, town…

[Hay una ciudad, ciudad, ciudad
allí en el sur, sur, sur
y será pronto, pronto
una más rica ciudad, ciudad, ciudad…]

Obviamente pocos eran los gaditanos que por aquel entonces habían escuchado alguna vez la lengua inglesa, por lo que estas palabras les resultaban completamente incomprensibles. Sin embargo el carácter repetitivo de la canción parece que cautivó enseguida a los andaluces, que hicieron suyos el primer y el último verso, repitiendo más o menos los sonidos que escuchaban. Así, “There is a town” se convirtió en “tirititraun“, mientras “a richer town” pasó a ser “arriquitraun” en el oído de los campesinos andaluces. Al tener un origen musical, su uso en los distintos palos del flamenco resultó de lo más natural.

“Comerse el tarro”

Todo hace indicar que la expresión nace en los Países Bajos, por eso en España no se haría popular hasta el siglo XVI, en plena época de contactos militares y diplomáticos con la zona. Como muchas expresiones, parece que su origen es puramente literal, aunque el motivo quedó casi olvidado después de la independencia de los territorios del norte. Era usanza común en los Países Bajos que los hombres acompañaran la pedida de matrimonio de las mujeres con una cesta de panes, frutas y quesos, momento a partir del cual iniciaba un periodo de reflexión de la mujer y su familia para ver si aceptaban la propuesta. La tradición decía que cuando los alimentos de la cesta terminaran la pretendida debía dar una respuesta. Si la relación de la pareja era estable y era conocida a toda la familia entonces pasaban sencillamente unas horas, el tiempo que tardaban padres, hermanos y demás familiares en comerse todas las viandas celebrando ya el compromiso. Cuando la propuesta se recibía sin que hubiera toda esta seguridad, entonces las mujeres y sus familias trataban de alargar el tiempo lo más que pudieran, no sólo para informarse bien del pretendiente sino también para ver si existían alternativas mejores.

Uno de los elementos que no podía faltar en la cesta era un queso cremoso (tipo casi cuajada) que se llevaba en un tarro de un material especial, parecido al barro pero mucho más blando. Este material (cuya composición no ha sido nunca completamente revelada) no sólo ayudaba a mantener las propiedades del queso sino que con el paso del tiempo se iba impregnando de él, por lo que al cabo de pocos días era comestible. Es por eso que para ganar tiempo en la respuesta, la pretendida, una vez terminados los otros alimentos perecederos, podía empezar a comerse también el tarro, justificando de esta manera la falta de una contestación en firme. Por tanto eran comunes en la época frases del tipo “no sé al final qué decidirá, lleva dos días comiéndose el tarro“. Lo más seguro es que a raíz de esta tradición la expresión pasara a considerarse sinónimo de “pensar mucho o en exceso“.

“Dabuti”

Una de las palabras más extrañas del español es sin ninguna duda “dabuti” (o en su versión más castiza “dabuten”). El origen de esta palabra es bastante sorprendente y se debe a una anécdota que se produjo durante la celebración de la subida al trono de Amadeo de Saboya, el monarca italiano que reinó en España entre 1870 y 1873. En la cena que el rey ofreció a los altos cargos del Estado como signo de agradecimiento, Amadeo pidió al camarero que le sirviera su vino preferido, que había traído en una caja especial desde el Piamonte, el vino de la ya desaparecida bodega “Da Butti”. Cuando el camarero llegó a la cocina nadie parecía saber de qué estaba hablando el rey: nadie había visto ni oído hablar de esa caja de vino. En ese momento el jefe de los cocineros, Don Ignacio de Saavedra, se armó de valor y llevó al rey el mejor vino del que disponía, preparado además para presentarle sus excusas por la ausencia del “Da Butti”. Cuando se lo ofreció y le explicó lo sucedido, Amadeo de Saboya se alzó y pronunció unas palabras con su marcado acento italiano para todos los comensales: “Quiero agradeceros a todos haber venido aquí esta noche para celebrar conmigo el comienzo de una nueva era en España, la de la casa de Saboya. Quiero que sepáis que aunque esta no sea mi ciudad, me lo parece, que aunque no seáis la familia con la que me crié, me lo parecéis, y que este vino, aunque no lo sea, a mí me parece Da Butti“. Durante el aplauso que siguió a este breve discurso la gente comenzó a preguntarse qué era lo último que había dicho el rey, ya que el vino Da Butti por entonces era completamente desconocido en España. Al no entender que se trataba de un vino, los comensales creyeron que era sencillamente alguna expresión italiana para indicar que algo es del propio agrado, por lo que pronto se extendió entre la alta alcurnia decir que algo “era dabuti“. De ahí su uso se fue popularizando hasta que ya a mediados del siglo XX su uso era común incluso entre las esferas sociales más bajas.