Mes: abril 2014

“Poner a parir”

La expresión tiene evidentemente un origen muy antiguo, dada su naturaleza. Cuenta Heródoto que en la antigua Esparta era normal que cuando una mujer superaba los nueve meses de embarazo, otras mujeres fueran a su casa para discutir violentamente con ella. Era el momento donde las mujeres sacaban fuera todos los trapos sucios y todos los reproches que se habían guardado durante la gestación para evitar problemas al niño. Aunque no supieran explicarlo desde un punto de vista médico, las discusiones acaloradas hacían que las embarazadas rompieran aguas con mayor facilidad, lo que precipitaba un parto que de otra forma se habría podido alargar algunas semanas. Este rito tenía además una doble función para la ciudad. Por un lado, el hecho de que las espartanas tuvieran estos momentos de gran sinceridad en un punto crucial de sus vidas ayudaba a reforzar los lazos de unión dentro de la población; además, si el bebé era un varón, los espartanos pensaban que llegar al mundo en un ambiente de hostilidad y disputas forjaría su carácter desde el nacimiento. Por estos motivos era normal la expresión “ir a poner a parir a alguien”, porque se esperaba de verdad que la discusión ayudara a acelerar el parto.

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“Que no se lo salta un gitano”

Una expresión bastante antigua, que significa “de grandes dimensiones”. El origen lo encontramos seguramente en la Andalucía de finales del XIX, donde muchos bandoleros, la mayoría de raza gitana, cometían numerosos robos en las fincas de los grandes terratenientes o en las casas de los pueblos de las montañas. El primer remedio que se encontró a este problema fue obviamente construir muros más altos alrededor de las casas para que ninguna persona fuera capaz de saltarlo sin ayuda de herramientas. Esta primera medida no detuvo a los gitanos, que desarrollaron un particular sistema de pértigas (como puede verse en la foto) para sortear el obstáculo con discreción durante la noche. Fue a partir de este momento que en algunos panfletos de publicidad de obreros comenzó a aparecer la expresión “Construya para su casa un muro que no se lo salta un gitano. Ni con pértiga“. Obviamente no hizo falta mucho tiempo para que, ayudada del gracejo popular, la expresión de los panfletos pasara a considerarse una especie de unidad de medida que indica lo exagerado o tremendamente grande.

“Me importa un pimiento”

La expresión proviene del mundo de la pintura, más concretamente de la pntura de bodegones y naturalezas muertas. Con la explosión de este género pictórico en el siglo XVII los artistas buscaban cada vez más el virtuosismo en cada una de sus telas, no sólo en la composición de sus imágenes sino en la recreación de todas y cada una de las texturas de los objetos representados. Es por este motivo que los pintores adoraban las granadas, los limones y todo fruto cuya superficie fuera un desafío a la hora de ser reflejada fielmente. Una de las verduras que no gozó de esta fortuna fue el pimiento, que podría haber sido en cambio una gran novedad considerando su llegada a Europa sólo después de su importación desde América. La superficie del pimiento, tersa, brillante y casi por completo monocroma, no ofrecía ningún atractivo a los pintores de bodegones, que rara vez lo incluyeron en sus cuadros. Por eso en este gremio comenzó a utilizarse la expresión “me importa un pimiento”, propio por la “inutilidad” de la verdura para sus creaciones.