“Dormir como un tronco”

La expresión nace en la Salamanca del siglo XIV y se debe a la historia de amor de Blanca Flora, hija del noble castellano Álvaro de Torregrossa. Se dice que Blanca conoció durante su juventud a un rico comerciante musulmán del que quedó perdidamente enamorada. El pretendiente, queriendo obtener su mano, se presentó ante su padre y le ofreció grandes riquezas si aceptaba que Blanca Flora lo acompañara a Granada como su esposa. La respuesta fue evidentemente negativa, lo que desató la desesperación de Blanca Flora. Aquella misma noche, como había acordado con su amante, se descolgó por el balcón y escapó con el comerciante, dejando en su cama un tronco de madera para ganar tiempo en su huída. Efectivamente, al día siguiente su padre, que no quería importunarla, se asomaba a la puerta de su cuarto y, viéndola inmóvil en la cama (eso pensaba él), se alejaba lleno de tristeza por la situación. Al caer la noche, ya preocupado porque Blanca Flora no había dejado la cama ni una sola vez, entró hasta el fondo de la habitación y descubrió el engaño, sumiéndose en una profunda depresión sabedor de haber perdido a su hija. Obviamente la historia se propagó rápidamente por la ciudad y, dado que Torregrossa no era muy querido entre sus conciudadanos, la expresión “dormir como un tronco” se extendió para ahondar en el dolor del noble, que nunca se recuperó de esta herida y murió pocos años después.

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