Mes: febrero 2014

“Donde comen dos, comen tres”

Evidentemente la frase nos retrotrae hasta la antigua Roma, concretamente a un periodo muy delicado como fue la formación del primer triunvirato, que permaneció oculto durante una buena parte de su gobierno. En el 70 a.C. Julio César acababa de presentar una propuesta en el Senado para la Ley Agraria pero la cámara esta bloqueando el proyecto. Fue entonces cuando Julio César tuvo que recurrir a Pompeyo para solicitar su influencia y poder hacer cambiar de idea a los senadores. Para Pompeyo la ley de César era justa y correcta, pero el segundo cónsul de la república, Marco Licinio Craso, sería más difícil de convencer para la causa. Durante una cena, Pompeyo y César presentaron a Licinio Craso no sólo los beneficios personales que podía obtener de la aprobación de la ley sino la propuesta de un gobierno entre los tres hombres, con Pompeyo y Licinio como cónsules y César actuando en la sombra. Algunas fuentes no confirmadas, pero recogidas más tardes por los demás historiadores que la consideraron una anécdota verosímil, dicen que al final de la cena un convencido Licinio Craso tomó el último trozo de pollo, lo dividió en muslo, ala y pechuga y dando una parte a cada uno de los comensales exclamó “ubi edunt duo, tres quoque“, “donde comen dos, comen tres”. Con la llegada del Renacimiento y el redescubrimiento de las fuentes antiguas la frase comenzó a ser utilizada no sólo en España sino también en los demás países europeos, siendo traducida en más de quince lenguas ya antes del final del siglo XVI.

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“San Viernes”

San Viernes Cireneo, mártir. Se desconoce si su verdadero nombre era “Veneris” o si fue un nombre que le otorgó la tradición a posteriori. Se dice que llegó a Roma desde el norte de África a finales del siglo III d.C. con la intención de predicar una práctica que se estaba extendiendo en la Cirenaica. Consistía en una larga vigilia la noche del viernes en la que los cristianos se reunían para comenzar la celebración del domingo como día del Señor. Al principio pasó inobservada a las autoridades romanas por su carácter nocturno y clandestino, pero poco a poco comenzaron a notar que el sábado algunos esclavos cristianos estaban especialmente cansados y trabajaban muy por debajo de su capacidad a causa de las pocas hroas de sueño. Fue así que durante las persecuciones emprendidas por el emperador Diocleciano a partir del año 303 san Viernes fue uno de los primeros mártires cristianos. Su figura fue pronto casi una leyenda para los mismos seguidores de Cristo, y aunque a mediados del siglo XVI su culto se reavivó a causa del descubrimiento de nuevas fuentes, la reforma del calendario gregoriano lo dejó fuera del santoral al considerar que podía resultar peligroso para la prosperidad de las ciudades.

“No ver tres en un burro”

La expresión proviene de la Andalucía rural de comienzos del siglo XX. Con la disminución del precio de las gafas y la difusión de su uso entre las franjas de la población con menores recursos económicos, se puso en marcha un programa para detectar problemas básicos de miopía y astigmatismo. Como la mayoría de la población era analfabeta no se podía utilizar el método que todos conocemos hoy, el de unas tablas donde hay que reconocer letras de diferentes tamaños (ROC). Es por este motivo que se utilizaban diferentes imágenes, dibujos y algunas fotografías, que las personas tenían que describir con todos los detalles posibles para realizar medidas aproximadas de su capacidad visual. Una de las primeras imágenes que se presentaban era una simpática estampa de tres muchachos a lomos de un burro. Al cabo de poco tiempo los oftalmólogos se dieron cuenta de que esta imagen causaba problemas sólo a la gente con más de seis dioptrías, que no sólo no lograban diferenciar cuántas personas iban encima del burro sino que a menudo ni siquiera encontraban el burro en la fotografía. Es por eso que la expresión “no ver tres en un burro” comenzó a utilizarse para hablar de quien tiene problemas de vista.

“Ir a saco”

El origen de esta expresión se remonta a la gran hambruna que se produjo en Europa como consecuencia de la Peste Negra durante el siglo XIV. Con el primer gran año de hambre en la Corona de Aragón, fue costumbre del rey Alfonso IV “el Benigno” salir de vez en cuando en carro por las calles de Zaragoza distribuyendo comida, principalmente cebollas, puerros y otras hortalizas y verduras de las que aún quedaban numerosas existencias. Las gentes de la ciudad, viendo aproximarse tiempos todavía peores, recogían todo lo que podían y se servían principalmente de dos objetos para hacerlo: el tonel y el saco. El tonel lo utilizaban generalmente las familias mientras que el saco era usado sobre todo por truhanes que seguían todo el recorrido del rey y lo iban vaciando en diferentes escondites. Para no ser descubiertos, cada vez que se acercaban al carro iban con una peluca y una barba distinta, de manera que los pajes no pudieran reconocerlos. Normalmente después recogían todo lo acumulado y podían comerciar con ello en las localidades cercanas. Poco a poco la gente comenzó a darse cuenta de este comportamiento, porque los que iban con saco (que se llenaba antes que el tonel) tenían que ir y venir corriendo para vaciarlo, por eso se les señalaba entre la multitud gritando “¡aquesto va a saco!“. Aunque durante los primeros meses obtuvieron bastante éxito con este método, el rey decidió intervenir con un decreto en el que se indicaba de forma explícita que cuando saliera a repartir comida “poderán avecinarse al carro solamente qui vaia a tonel et non qui vaia a saco“. Aunque “ir a tonel“, que significaba “ir de cara, ser honesto” casi se ha perdido, “ir a saco” ha permanecido gracias a que pronto pasó a significar “hacer algo con gran energía, con ambición“.

“Colgar un san Benito”

Con la llegada definitiva de la Corte a Madrid a comienzos del siglo XVII se produjo un hecho breve en el tiempo pero que caló profundamente en la población. Cada vez que el rey nombraba un alto cargo del gobierno aparecía en su casa, de madrugada y de manera misteriosa, una figura de San Benito con un pergamino donde se contaba algún detalle escabroso de su vida privada. Nunca se ha descubierto el porqué de la elección de San Benito ni quién se encontraba detrás de estas difamaciones: la “moda” duró sólo unos meses y nunca se llegó a encontrar el culpable. Aunque todos los altos funcionarios negaron los hechos de los que se les acusaba (adulterio, corrupción, blasfemia…), bastaba la aparición de la figura de san Benito para sembrar muchas dudas sobre su reputación entre la población de la capital. Es por eso que una vez que “te colgaban el san Benito” no había manera de quitarse las sospechas y la expresión tuvo enseguida una gran difusión.

“No caerá esa breva”

Que significa, como casi todo el mundo sabe, “no sucederá”. Uno de los grandes enigmas de la Historia es el de por qué Aníbal el cartaginés no atacó Roma después de la batalla de Cannas. La capital se hallaba no sólo desguarnecida tras las numerosas bajas sino además impotente ante la superioridad táctica del general norteafricano. Se cuenta que después de dicha batalla el senado romano se reunió de urgencia para decidir cómo organizar la defensa de la ciudad en caso de que los cartagineses decidieran asediarla. Fue entonces que Cayo Ligurio tomó la escena y pronunció la famosa frase: “ille ficus non caduturus”, o sea “no caerá esa breva” (o “higo”, como en el original). Ligurio recordó al Senado los presagios de Apolo que decían que Roma no sería asediada mientras la higuera de Minerva tuviera todavía algún fruto. Efectivamente, al salir los senadores del edificio vieron que en la casi seca higuera que se encontraba junto al altar de la diosa aún quedaba un fruto. Una vez que la posibilidad del asedio fue esfumándose y como la ciudad viera alejarse al cartaginés de sus tierras, la frase comenzó a utilizarse para asegurar que un evento no se producirá.

“El uno por el otro y la casa sin barrer”

Expresión de la que sólo recientemente se ha descubierto su origen, celado escrupulosamente tras los secretos de la escuela pitagórica. La clave de lectura reside en la expresión “la casa sin barrer”, un proverbio bastante popular en la Magna Grecia en los siglos VII-VI a. C. El proverbio significaba “y lo contrario” (igual que nuestro “viceversa”) porque los griegos consideraban que una casa en la que no se barría era exactamente lo contrario de lo que debía ser. Parece ser que en la escuela pitagórica de Crotone, preocupados por que los intrusos pudieran descubrir sus avanzados conocimientos matemáticos, habían empezado a utilizar proverbios locales para explicar algunos conceptos fundamentales, de manera que sólo los griegos de la zona pudieran acceder a ellos. Es por eso que la propriedad conmutativa de la multiplicación (que nosotros conocemos como “el orden de los factores no altera el producto”) en la Crotone de Pitágoras se definía como “el uno por el otro y la casa sin barrer”, o sea, “el uno por el otro y el otro por el uno”. Evidentemente la frase se hizo popular más allá de la escuela pitagórica, pero como no se conocía su verdadero significado tuvo que dársele el que ha llegado hasta nuestros días.

“Hacer la 13 14”

Podrá parecer extraño pero “hacer la 13 14”, que significa “hacer una jugada maestra, un truco ganador” tiene un origen bíblico. San Pablo, en la Carta a los Romanos, capítulo 13, versículo 14 dice: “… vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne“. Por qué esta frase ha llegado a tener su significado se explica a continuación.

En la Florencia de finales del siglo XV encontramos la figura de Fra Girolamo Savonarola, monje que había emprendido una cruzada moralista contra la fastuosidad y la relajación de las costumbres que se vivía en la ciudad a causa del gobierno de la familia Medici. Savonarola aprovechó la expulsión de los Medici en 1494 para imponer sus ideas extremistas en la nueva República Fiorentina. Así, una de las primeras cosas que hizo fue predicar insistentemente en la zona donde se concentraban las prostitutas, gritando con gran furia el versículo citado: “vestíos del Señor Jesucristo y no proveáis para los deseos de la carne“. Como su predicación no estaba teniendo mucho éxito, una noche consiguió de la República un mandato para poner en marcha un truco para alejar a los clientes de las prostitutas: estas tendrían que recibirlos vestidas como Jesucristo: con el pelo sucio, sin depilar y con una larga barba postiza, lo que provocaba una instantánea bajada de la líbido de los clientes.

Esto no fue sino el inicio del veloz deterioro de la imagen de Savonarola entre sus conciudadanos, que lo ajusticiarían poco tiempo después. Mientras ardía en medio de la Piazza della Signoria muchos le gritaron: “¡esto te pasa por hacernos la 13:14!“.

“Caer la del pulpo”

Una expresión que como no podía ser de otra manera proviene de Galicia, concretamente de finales del siglo XVI. La historia se refiere a Xosé Luis Pazos de Ortigueira, marinero y capitán de barco, nacido en El Ferrol y apodado “El Pulpo” por su fama de buen cocinero. Fue uno de los primeros capitanes que el Duque de Medina Sidonia contactó a su llegada a La Coruóa en julio de 1588, al mando de la Armada Invencible. El Duque, que tenía prisa por zarpar, quiso consultar a “El Pulpo” sobre las condiciones generales del mar. Éste le explicó que a pesar de las buenas condiciones aparentes, estaba a punto de llegar una gran tormenta que haría imposible la navegación y sería además peligrosa para la integridad de la flota. El Duque, que sentía la presión del rey por salir cuanto antes al ataque de Inglaterra, e incrédulo ante el buen tiempo de aquellos días, decidió ignorar los consejos de “El Pulpo” y salir hacia el golfo de Vizcaya. El resultado es conocido: decenas de barcos dispersos y una flota diezmada por las inclemencias del tiempo. Se dice que al llegar a puerto de nuevo, cuando El Duque se personó ante las autoridades, dejó una simple frase para explicar lo sucedido: “Nos ha caído la de ‘El Pulpo'”.