“Ser un pintamonas”

Difícil de creer que una expresión tan despreciativa pueda referirse a un genio como Leonardo da Vinci. En el verano de 1518, el recién coronado rey de España Carlos I envió una embajada al rey de Francia Francisco I para empezar a discutir por el Milanesado, un tema que acabaría desembocando en una guerra. La embajada no fue para nada productiva y los ánimos se encendieron más de una vez. Es por eso que el tono de la relación enviada por el embajador Don Juan de la Lama a Carlos I fue bastante agresivo. Describía al rey como “una persona de dura testa y toscas manieras” mientras que al gran pintor, del que De la Lama ignoraba su identidad, le dedicó estas palabras: “acompaña al Rey de los Francos un anziano de largos et non pulchros cabellos, ocupado toda la jornada en bizarros diseños y en picturar una mujer que apelan Mona. Piense su Majestad qué pintamonas forman esa corte…”. Evidentemente la expresión divirtió mucho al monarca, pues se extendió con velocidad y la encontramos a menudo en obras cómicas a partir de esta fecha.

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