“Enterarse de lo que vale un peine”

Expresión de origen francés, que se acuñó, según algunas crónicas medievales, a mediados del siglo IX, durante el reinado, paradójicamente, de Carlos II “el Calvo”. Uno de los principales problemas que Carlos II tuvo que resolver durante su reinado fueron las cada vez más frecuentes invasiones de los normandos. Después de varias escaramuzas y alguna breve batalla a campo abierto, el rey consiguió organizar un encuentro para negociar su rendición. Una vez que se estipularon las condiciones el enviado normando solicitó firmar el tratado con su propia pluma, por lo que tomó un cofre, lo abrió y sacó de él un peine que le lanzó al rey, burlándose y riéndose de él a causa de su grave alopecia. Aunque el enviado fue inmediatamente ejecutado, Carlos II, lejos de avergonzarse de lo sucedido, contó la historia a todos sus altos cargos militares y les solicitó que la contaran a las tropas antes de cada batalla a modo de arenga. Es por eso que se hizo frecuente que en las batallas con los normandos el ejército francés cargara al grito de “¡se van a enterar de lo que vale un peine!”, una expresión que se mantuvo con el tiempo y que poco a poco se incorporó al lenguaje coloquial.

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