“Un frío que pela”

Una expresión de este tipo no podía provenir obviamente sino de la alta montaña. Hay que echar la vista atrás hasta no hace mucho, hasta el 1950. En la expedición francesa guiada por Maurice Herzog y Louis Lachenal que coronó por primera vez el Annapurna se vivió una situación muy difícil a pocos días de llegar a la cumbre. Un temporal imprevisto hizo bajar las temperaturas hasta 15 grados de un día para otro, lo que provocó que la mayor parte de los alimentos que llevaban se echaran a perder. Entre las pocas cosas que les quedaron estaban los varios kilos de almendras que llevaban por ser un fruto altamente calórico y energético. La expedición comprobó que a pesar del gran frío de aquellos días y la escasa movilidad de los dedos, la piel de las almendras se desprendía con mayor facilidad que a temperaturas más altas, por lo que empezaron a utilizar la expresión “hace un frío que pela (almendras)”.

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