“Sudar la polla”

“Sudar la polla”: Parece difícil creer que una expresión tan vulgar pueda tener un origen no solo antiguo sino incluso científico. En los “Tratados Médicos” de Hipócrates se encuentra descrita una afección extremadamente particular, explicada en función de los cuatro elementos: el exceso del fuego y del agua en los individuos de una cierta edad provocaba una especie de fiebre, que concéntrandose en la zona alrededor de los genitales producía abundantes sudores. La descompensación de los elementos conllevaba además una relajación de algunas zonas del cerebro que daban lugar a un desprecio por los problemas importantes. De ahí que desde entonces estuvieran asociados los sudores en torno al pene con la pasividad y la inacción. Aunque no hay testimonianzas escritas ni médicas al respecto, se cree que Sócrates fue víctima de este síndrome, de ahí la parsimonia y la tranquilidad con que vivió su proceso y su condena a muerte. De hecho, en una copia muy antigua de “La apología de Sócrates” de Platón se lee al margen un comentario anónimo: “Estaba claro que le sudaba la polla“.

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23 comments

      1. Por qué ese comentario tan sexista. No puede ver una tia muchas pollas por que sea medica? Y si es por sexo, qué, ya hay que insultarla? Aunque creo que tu tono es de broma, no mola

  1. Quiero referencias a las fuentes. ¿Qué párrafo de cuál de los muchos tratados médicos de HIpócrates dice eso? ¿Qué escolio dice que a Sócrates le sudaba la polla? Sin referencias no cuela por más que sea verdad. Otra cosa es que al autor se la sude que cuele o no.

  2. En lo de Sócrates y su pasotismo tienes toda la razón. Pero creo que te equivocas cuando invocas a su padecimiento genital, pues lo que en realidad tenía el gran filósofo era un asador de pollos en la parte baja de la Acrópolis, ya que con su sabiduría no ganaba un dracma, por lo que tuvo que montar un negocio para poder subsistir. Un día su mujer llegó con un hambre de perros a la casa y le pidió a Sócrates que le troceara el primer pollo que tuviera asado, pero mejor que fuera un pollo hembra por ser más jugosos. Sócrates respondió a su mujer: “Ten paciencia querida, pues acabo de poner una polla en el asador y tardará un rato. Cuando me sude la polla, te aviso”. La mujer entendió que le importaba un bledo lo que acababa de pedirle. Y por esa razón se acuñó esta expresión, difundiéndose por toda Atenas, y de ahí al resto del mundo.

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