“No había ni el tato”

Equiparable a “no había ni dios” y es que precisamente este es su origen. “No había ni el tato” es otra de esas expresiones que son mucho más antiguas de lo que podría parecer. Su origen se halla en el evangelio apócrifo de Tadeo el Menor, que escribió su obra sobre la vida y la muerte de Cristo en un dialecto ático ya minoritario en la época. En el pasaje en que las Tres Marías se dirigen al sepulcro de Cristo después de su muerte, la palabra que utiliza el ángel para nombrarle es “elthatos”, que significa literalmente “el que no ha muerto” o “el que ha vencido a la muerte” (nótese su descendencia de “thanatos”, muerte). Por lo tanto en algunos lugares como en España (gracias a la evangelización de Santiago, que era un grande admirador de Tadeo) “elthatos” empezó a utilizarse como sinónimo de “dios” y de ahí “No había ni el tato”.

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